domingo, 9 de junio de 2013

Filmando "palabras".


“Peluqueros, debéis proceder de tal modo, que todas estas mujeres que entren aquí, crean que, simplemente, van a tener un corte de pelo, tomar una ducha y que en seguida saldrán”.
Pero sabíamos ya, que de este lugar no se salía, que era el último, que no saldrían vivas
[…]
Nosotros, los peluqueros, comenzábamos a cortar el pelo y algunas, debería decir casi todas, saben ya lo que les va a pasar.
Nosotros intentamos hacer lo mejor…
Ser lo más humanos posible.
[…]
Entraban desvestidas, totalmente desnudas, sin ropa, sin nada. Todas las mujeres y todos los niños.
[…]
Los alemanes querían sus cabellos, ellos tenían sus razones.
[…]
¿“Sentir” ahí abajo?
Era muy duro tener cualquier sentimiento. Imagínese trabajar día y noche entre los muertos, los cadáveres.
Los sentimientos de uno desaparecían,
Uno estaba muerto al sentimiento, muerto a todo.
Le voy a contar una cosa:
Durante el periodo en que fui peluquero en la cámara de gas, llegaron algunas mujeres de un transporte que procedía de mi ciudad, Czestochova.
Conocía a un gran número de ellas. Sí yo las conocía, vivía en la misma ciudad. Vivía en la misma calle. Algunas eran amigas cercanas. Y desde que me vieron todas se agarraron a mí.
“Abe, ¿qué haces tú aquí? ¿qué es lo que nos vas a hacer?” ¿qué podías tú decirles? ¿qué podías tú decirles?
Un amigo mío estaba conmigo, era también un buen peluquero en mi ciudad. Cuando su mujer y su hermana fueron introducidas en la cámara de gas…
Es demasiado horrible…
Sería incapaz.
No prolongue esto…
Ya se lo he dicho, esto será muy duro...
Ellos metían esto en sacos y era enviado a Alemania.
[Señala los manojos de pelo cortado. Esta frase es murmurada en yiddish]
Trataba de hablarles, pero tanto a una como a la otra era imposible decirles que se trataba del último instante de su vida, porque detrás estaban los nazis, los SS, y sabía que si decía una sola palabra compartiría la suerte de esas dos mujeres que eran ya como muertos.
Pero sin embargo, hacía por ellas lo máximo, quedarse con ellas un segundo más, un minuto más, las estrechaba, las abrazaba.
Porque sabía que no las volvería a ver jamás.


Extracto de las palabras de Abraham Bomba (judiío, peluquero de judíos en el campo de exterminio nazi). Testimonio sacado de la película Shoah de Claude Lanzmann.

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Son gritos que no saben ser gritados, alaridos, cantos
que no saben ser aullados, cantados.

(Duras, 2011, p. 67)